Debo confesarte algo y es que siempre me ha fascinado Warren Buffet.

Cómo la mayoría sabréis, se trata del inversor más famoso del mundo y un pozo de sabiduría.

Pero no es esto lo que a mí me fascina de él.

Me atrae su honestidad y su sencillez a la hora de ver el mundo y las inversiones.

Si leéis sobre Buffet y la inversión en valor, os daréis cuenta de que no es más que el sentido común aplicado a las inversiones.

Ha logrado ser el hombre más rico del mundo, sin atajos, pero con mucha paciencia. Ha construido poco a poco su camino, invirtiendo con humildad y aprovechando la fuerza del interés compuesto.

Para los que no estéis familiarizados con el interés compuesto, os anticipo que se dice que una vez le preguntaron a Einstein cuál era la fuerza más poderosa del Universo, y respondió “el interés compuesto”.

También hay quien lo llama “La octava maravilla del mundo”. Pero ¿Por qué será?

¿Os preguntáis el motivo?

Os doy una pista; la única biografía autorizada por Warren Buffet se llama “El efecto bola de nieve”.

Esto se debe a su fascinación por el interés compuesto y a que el enorme poder de éste le ha permitido amasar una de las mayores riquezas del mundo y alcanzar la libertad financiera.

¿Y sabes lo mejor? No se trata de ningún secreto ni requiere que tengas una mente privilegiada para entender cómo funciona. Solo necesitas sentido común y matemáticas básicas.

¿Qué es el interés compuesto?

En palabras llanas, el interés compuesto hace su magia al reinvertir los rendimientos que estamos obteniendo en la misma inversión de manera continuada.

Dicho de otro modo, cada vez que cobramos una renta, la reinvertimos de nuevo para que ésta también nos genere rentabilidad.

Cuando empieza este proceso, el efecto no es muy exagerado, pero a medida que pasan los años y el efecto bola de nieve hace su aparición, el resultado es asombroso.

Veámoslo ahora con algún ejemplo; La fórmula del interés compuesto:

Como verás, solo hay 3 variables que afectan al resultado del interés compuesto;

  1. Capital = la cantidad de dinero invertido al principio
  2. i = la tasa de interés o rentabilidad que consigues por tu dinero
  3. n = los años que vas a dejar que tu dinero crezca

A continuación, veamos en primer lugar qué ocurre si invertimos 1€ al 10% anual, durante 20 años y los rendimientos obtenidos no los reinvertimos.

En otras palabras, no aprovechamos el efecto del interés compuesto.

Veamos ahora qué hubiese ocurrido si cada año, cuando cobramos el 10% de interés, lo reinvertimos para que este también siga generando intereses:

Creo que el gráfico habla por sí solo. Pero juntemos mejor los dos gráficos y veamos claramente la diferencia.

Si hubiésemos invertido 1€ a una tasa del 10% durante 20 años, llegaremos a obtener 3€ en el caso de no reinvertir los rendimientos (interés simple), y de 6,7€ en el supuesto de que hayamos reinvertido los rendimientos (interés compuesto).

Se nota la diferencia, ¿verdad?

Pero la magia del interés compuesto no ha hecho más que empezar.

Esta diferencia se vuelve exponencial, de manera que tras 50 años invirtiendo al 10% y reinvirtiendo los rendimientos (interés compuesto), obtendríamos 117€, mientras que, si no reinvertimos los rendimientos (interés simple), solo obtendríamos 7€.

Espero que, esto os permita ser mucho más conscientes de la importancia de ser pacientes e ir poco a poco haciendo que nuestro capital inicial crezca gracias al poder del interés compuesto.

Mi experiencia con el interés compuesto

Una vez tengáis este concepto interiorizado, corréis el peligro de que os ocurra como a mí.

Veo el interés compuesto por todas partes.

Yo a veces, bromeando, digo que el interés compuesto corre por mis venas, pues cada vez que ahorro dinero y lo veo en mi cuenta parado, me empiezan a entrar sudores fríos y me pongo nervioso.

Mi subconsciente me empieza a hablar y me dice, esos euros ahí parados, si los pones a trabajar…bueno, no sigo porque tras los ejemplos anteriores estoy seguro de que ahora ya me estáis siguiendo.

De hecho, como curiosidad, os diré que la vida de Warren Buffet ha girado en torno a esta idea: buscar buenas inversiones que generaran los mayores rendimientos posibles, para volverlos a reinvertir en nuevas inversiones.

En su biografía explica que, a pesar de ser uno de los hombres más ricos del planeta, su mujer casi debía suplicarle cuando quería utilizar una cantidad de dinero para una finalidad que no fuese una inversión que generara rentabilidad.

Y en la mayoría de las ocasiones, recibía un no por respuesta.

Warren sabía que ese dinero, si lo hacía trabajar terminaría convirtiéndose en un montón mucho más grande de dinero.

No ha sido hasta llegar ya a una edad avanzada, en la que ha hecho público el motivo por el que deseaba acumular un capital tal elevado: ha donado buena parte de su herencia a fundaciones benéficas, entre las que destaca la de su buen amigo Bill Gates.

Os recomiendo leer su biografía, donde explica con mucha más lucidez de lo que yo pueda hacerlo, todo este proceso.

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